miércoles, 6 de julio de 2016

Crónica de una tarde de verano. Presentación de El baile de la seducción.



El pasado 24 de junio fue uno de esos días de color rojo en el calendario; de esos de los que una no se olvida nunca. Era el día de la presentación de El baile de la seducción.
Después de más de un año trabajando en la historia, el 24 de junio Alexia Mars y yo nos reunimos en Casa del Libro de Fuencarral, Madrid, para hablar de nosotras, de nuestra novela y de todos los secretos que entre sus páginas se esconden.



Los nervios se manifestaron a primera hora de la mañana y me acompañaron hasta el final del día. Era mi primer acontecimiento literato como protagonista y no podía evitar sentirme abrumada por ello.


                                   

Pero había una cosa que hacía aún más especial el evento. Por fin nos íbamos a reunir Alexia y yo. Desde que me fui a vivir a Escocia, hace ya casi tres años, no nos habíamos vuelto a ver físicamente. Sin embargo, cuando por fin nos abrazamos, no sentí la distancia del tiempo. Quizás fuera porque hablamos casi a diario por el móvil o por nuestras largas charlas a través de Skype.

Mi padre se cogió un día de fiesta, algo que ocurre en muy raras ocasiones. Me recuerda a lo que sucede con el Cometa Halley que, si has tenido suerte, lo habrás visto tal solo en una vez. Mi gemela retrasó su vuelo para formar parte de ese día y mi madre se cogió cita en la peluquería para ir como lo hace la madre de una gran escritora a las presentaciones de sus libros.  El pobre Puma (nuestro Bull Dog francés) se tuvo que quedar en casa a pesar de ser uno de nuestros más fieles lectores.



Cuando por fin llegamos, un cartel informativo del evento nos dio la bienvenida. Recuerdo estar en una pequeña nube de la que no quería bajar. ¿Qué sucedió entonces? Fotos, fotos y más fotos. No soy alguien que suela inmortalizar cada reunión de amigas o cada desayuno, comida o cena, pero ese cartel, que incluso ponía mal el título de la novela, me hizo recordar el sueño que tuve una noche de verano cuando tal solo era una niña que dudaba al escribir una B o una V: quería ser escritora.




Me adentré en la librería mientras miles de novelas dormían encerradas entre estanterías con sus portadas y títulos alargando sus brazos invisibles dispuestos a atraparme. Así sucedió. Regresé a casa con un libro nuevo.

Una escalera gruesa de caracol marcaba el camino hacia el lugar donde se haría la  presentación. Y ¡Sorpresa! Ahí estaban unas treinta sillas mirando hacía una mesa presidencial. Caminé despacio mientras el latido de mi corazón sacudía cada músculo de mi cuerpo. La compañía de Alexia me hizo sentir un poco más cerca de casa.

El reloj cantó las 7 y fue entonces cuando Lury nos presentó. Sus palabras llenas de elogios y cariño hicieron que se disiparan mis temores, no me gusta hablar en público. Y entonces me cedió la palabra. Hablamos de cómo nos conocimos Alexia y yo, de cómo surgió la idea, de nuestros calendarios y de nuestros protagonistas.
Tanteamos el futuro pero sobre todo disfrutamos del presente. Mientras las palabras salían de mi boca,  mi padre me grababa con su cámara de vídeo que escondía su sonrisa, unos de los regalos más preciados de ese día. Mi hermana se emocionó cuando le dediqué mi primer libro y mi madre también lo hizo cuando nos despedimos Alexia y yo. "Qué bonita amistad tenéis", me dijo. "No la pierdas nunca".

Mis tíos y mis primos, a los que hacía más de un año que no veía, también se acercaron para apoyarme. Ví rostros de amigos que una vez formaron parte de mis aventuras en Edimburgo y conocí caras nuevas que espero y deseo volver a ver.
En definitiva, el día 24 de junio  por fin hice mi sueño realidad. Solo espero no dejar de soñar nunca.
¡Ah! Y se vendieron todos los ejemplares. ¿Qué más se puede pedir?





¡Hasta el próximo número! 



No hay comentarios:

Publicar un comentario